Por qué el Dakar debería replantearse su futuro

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Malysz Dakar 2013

Creo que ninguno de los que visitáis MotorpasiónF1 cada día podéis dudar de lo mucho que nos gusta el Dakar. Sin embargo, hasta un aficionado como yo se plantea si el Dakar debería seguir adelante cada vez que ocurre una desgracia como las de esta semana: en dos accidentes en enlaces han fallecido tres personas (un motorista y dos ajenas al rally) y ha habido siete heridos más.

Estamos de acuerdo en que el automovilismo es peligroso, que hay accidentes inevitables y que los participantes del Dakar saben a dónde van y son muy libres de hacer lo que quieran con sus vidas. Pero cuando se trata de accidentes en tramos de enlace y en los que se ven afectadas personas totalmente ajenas a la competición, esos argumentos se desmoronan por completo.

No compro argumentos ecologistas (cada país puede perfectamente limitar la celebración de pruebas de motor en espacios protegidos), ni de índole político-económica (es difícil defender que el Norte se va al Sur a restregar su riqueza cuando en Sudamérica una parte cada vez mayor de los participantes son locales y en África se trataba de hacer una gran labor de ayuda humanitaria). Ni siquiera me valen los debates geográficos: Dakar es una marca registrada en lo que respecta a eventos deportivos, y por lo tanto ASO lo puede usar se celebre donde se celebre. Pero sí creo que es necesaria una reflexión sobre la seguridad y las repercusiones de la existencia del Dakar en el resto del automovilismo.

Que una caravana de 800 vehículos, entre participantes, asistencias, prensa y organización, recorra más de 8.000 kilómetros en dos semanas ya supone un riesgo potencial. Pero si los enlaces atraviesan carreteras de montaña, en mal estado, a gran altura y con tráfico (diferencia clave con África), estamos comprando papeletas para el desastre. Suena crudo, pero si se tiene que matar alguien, que se mate en tramo cronometrado y porque haya decidido asumir el riesgo. Desde el momento en el que terceros se ven afectados de forma tan trágica por la celebración de una prueba de estas características, hay que buscar responsabilidades y soluciones.

RBQT Dakar 2013No se trata ya sólo del propio Dakar, sino del impacto en todos los deportes de motor. A muerte por año entre los participantes y a dos muertos por año entre periodistas, organizadores y espectadores, el precio que exigirán las aseguradoras para la celebración de raids no hará sino dispararse al mismo tiempo que los patrocinadores se pensarán cada vez más invertir en esta modalidad: nadie quiere verse asociado a un fallecimiento, y menos si es el de alguien que nada tenía que ver con la competición.

Pero esos problemas pueden extenderse también a los rallyes “de velocidad”. No olvidemos que por mucho que se trate de un raid, hasta nosotros hablamos del “Rally Dakar”. Una tontería como esta al final hace que la opinión pública meta en el mismo saco un raid de dos semanas como el Dakar y un tramo de tierra regional.

¿Acaso no os ha dicho ningún familiar que tengáis mucho cuidado al ir de rallyes? Pues coleccionando muertos lo único que logramos es empeorar la imagen pública de todas las modalidades fuera de circuito: peor imagen, menos aficionados y menos dinero, unido a mayores gastos necesarios en seguridad. Y lo peor es que esas consecuencias las sufrirán todas las pruebas menos los gigantes publicitarios como el propio Dakar. ¿Irónico, eh?

Pocos desean más que yo que llegue cada fin de año para así poder disfrutar del Dakar, pero si su supervivencia supone un negro futuro para todo este deporte, tengo claro qué sacrificio prefiero. Esperemos que ASO trabaje para aumentar la seguridad de cara a la próxima edición, porque te guste o no el Dakar, al final estamos en el mismo barco.

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