Mónaco

El circuito más corto y estrecho de la temporada de Fórmula 1 que propicia carreras en fila india como ninguno siempre es una de las citas claves e ineludibles del calendario. Y es que por las calles de Mónaco raro es el año que no se termina celebrando una carrera vibrante y emocionante. Un principal reclamo del GP de Mónaco es el ser el Gran Premio con más dosis de glamour del año, en el que se llegan a concentrar más yates de ensueño en su puerto náutico. Un circuito que permanece invariable desde que uno llega a recordar, pero que aún así haremos el habitual análisis técnico del circuito urbano de Montecarlo.

Si en un circuito la panfletada de la seguridad se deja abajo del todo de la montaña de papeles que debe ser el reglamento de la FIA es en éste. Los pilotos siempre tendrán la inquietante compañía de los guardarraíles a pie de pista literalmente. Pero ahí reside el encanto y desafío de correr y vencer en Mónaco. Todo el lujoso circo de ostentación y glamour que surge a su alrededor es meramente accesorio. El lujo es ganar en Mónaco y ducharse con el champán en el único podio que se monta y celebra a ras de suelo.

Los monoplazas deberán completar 78 vueltas a uno de los circuitos más singulares y peculiares del año, 78 vueltas de 3,340 km cada una de ellas que despacharán en menos de 1:16, menos de 1:20 siendo generosos para los chicos de la Copa Cosworth. En Mónaco hay que trazar por derecho, por el sitio y con buena letra, pues no hay margen de error. Hay pianos dónde poder montar las ruedas interiores pero nada más, y un error suele significar en el mejor de los casos bandera amarilla y reagrupamiento de todos los corredores.

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