Marc Gené

Cosas como estas demuestran que todavía nos falta demasiada cultura automovilística en este país como para que el éxito de cualquier competición del motor no esté totalmente supeditada al éxito de los participantes españoles en la misma. Y diría que ni aún así. Ayer, sí señores, ayer mismo, un piloto español, Marc Gené, inscribía su nombre en la lista de vencedores de tan mítica prueba por primera vez en la historia. Estamos hablando, nada más y nada menos, de las 24 Horas de Le Mans, probablemente uno de los grandes acontecimientos históricos del automovilismo internacional junto con el Gran Premio de Mónaco y las 500 Millas de Indianápolis.

Apenas 24 horas después, el nombre de Marc Gené ha desaparecido de la mayoría de portadas de los diarios digitales de una España más preocupada por lo que gasta o deja de gastar Florentino. Incluso en la sección de automovilismo, el morbo de la desgraciada noticia de la muerte de un piloto en la Nascar mexicana ha eclipsado la grandeza de lo que consiguió ayer Marc Gené. Hasta hay quien presenta la noticia con dos sosos párrafos telegráficos al más puro estilo agencia sin sangre. Diría que hoy, sólo la gesta de Pau Gasol puede estar a la altura de la legendaria victoria de Marc Gené, pero mucho me temo que la mayoría de directores de contenido no deben pensar lo mismo.

Pero no pasa nada, los aficionados de verdad sabemos lo grandioso de la victoria de ayer del piloto catalán. Y vaya, el hecho de que su equipo le diera el inmenso honor de dar las últimas vueltas, triunfales y estresantes a la vez, a bordo del Peugeot 908 vencedor, dice mucho del peso de Marc en esta victoria. El año pasado se escapó el triunfo con la incómoda lluvia que regó las últimas horas de la carrera, pero este año nadie ha podido con la ilusión de un piloto que describía así lo vivido ayer:

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