Miki Monrás

En 2009, la Fórmula 2 nació de la mano de Max Mosley y la FIA como la categoría perfecta para formar a pilotos ante un hipotético salto a la Fórmula 1. Más allá del afán deportivo, en el objetivo de Mosley estaba molestar lo máximo posible a la GP2, competición bajo el paraguas de Bruno Michel y Bernie Ecclestone. Cosas de este tipo de competiciones.

La propuesta era interesante. Monoplaza desarrollado por Williams F1, aerodinámica sencilla, motores turbo y sin implicación de equipos (los pilotos comparten ingeniero) todo ello para conseguir una reducción considerable en los costes. Aunque más allá de lo “técnico”, el principal aliciente para los jóvenes pilotos es que el campeón de la Formula 2 consigue un test con Williams.

Dos años después, y tras el nacimiento de la GP3 como respuesta de Michel, el resultado es que la Fórmula 2 está más cerca de la GP3 que de la GP2 o de la Fórmula 3.5 de las World Series. Eso sí, sigue manteniendo el premio y los costes, lo que la convierten en una categoría muy interesante para la formación de los pilotos. En la propia página web del campeonato, hablan de 265.000 euros por temporada de Formula 2. Una cifra que está muy por debajo de los presupuestos manejados en GP3 (el doble de presupuesto) o incluso es las F3 Euroseries (un aspirante al titulo puede necesitar tres veces más de inversión).

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