Un pinchazo deja el título en manos de Brad Keselowski

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De nuevo la NASCAR nos da motivos de emoción contrapuestos. A la hermosa batalla entre Brad Keselowski y Jimmie Johnson en la lucha por el título en la Advocare 500, disputada en el Phoenix International Raceway, tuvimos que sumarle uno de esos episodios que provocan cierto sonrojo cuando un incidente en pista entre dos pilotos tiene su extensión en boxes con una pelea entre los mecánicos de ambos equipos.

Sin olvidarnos de la justicia particular de los pilotos que son juez y parte y deciden arruinar la carrera de un piloto por sus santas “narices” (por no decir otra cosa). Y en ese último punto no hablo ni de Jeff Gordon ni de Clint Bowyer. ¿Qué culpa tenía el pobre Joey Logano que pasaba por allí?. Tal y como sucedió con Kyle Busch el pasado año, aquí la NASCAR tendría que tomar duras medidas para evitar que se repitan incidentes así por mucho que el culpable sea el Golden Boy. Y eso que este año hemos estado muy tranquilos quizás por el efecto Busch.

En cuanto a la carrera, ya poco importa quien gane ya que el interés está en la lucha por el título. En Phoenix, un pinchazo mandó contra el muro a Jimmie Johnson quien, tras unas cuantas vueltas en boxes (40) para reparar el desaguisado, pudo continuar la carrera y limitar mínimamente su perdida. Su trigésimo segunda posición, sumada a la sexta de Brad K, dejan el título, casi, en manos del piloto de Penske Racing.

En cuanto a la carrera, esta terminó con en Green-White-Chekeres Flag que culminó con un Big One a escasos metros de la meta. Y eso a pesar que una vuelta antes del banderazo a cuadros, Jeff Burton se llevaba puesta a Danica Patrick sin que aparecieran las banderas amarillas. Una vuelta después, y con Kevin Harvick cruzando la meta en primera posición, se producía el gran accidente del día que a punto estuvo de costarle un gran disgusto a Keselowski.

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