
A nadie se le escapa que el espionaje es una práctica habitual en la Fórmula Uno. Los paseos de determinados técnicos de cada equipo por la calle de boxes para inspeccionar los coches de los rivales son algo habitual. Pero eso es una anéctoda en comparación con los desarrollados sistemas que todos las escuderías tienen para marcar de cerca a sus adversarios.
Sin embargo, el caso de Angelo Santini y Mauro Iacconi, que saltó a la luz pública en el año 2003, fue algo que por evidente, resultó extraño. Estos dos técnicos dejaron Ferrari en el año 2002 para incorporarse a Toyota, y al parecer no se fueron con las manos vacías. La Scuderia presentó una denuncia y hoy han sido condenados a 9 y 16 meses de cárcel respectivamente.






