
Supongo que la mayoría de vosotros ya sabéis lo poco que me gustó la carrera del pasado domingo (venir de la mejor carrera del año en Canadá tampoco ayudó demasiado), y en especial lo que pienso de todo lo que pasó desde la desafortunada salida del Safety Car en adelante, pero no por ello dejaré de hacer mi particular análisis de lo que pasó en la pista valenciana durante el pasado Gran Premio de Europa.
De entrada, y cuando parecía que el sorpresón de no ver en la pole a un Red Bull podría repetirse, todo volvió a la normalidad, y especialmente al volver a marcar Sebastian Vettel el mejor tiempo. Sin embargo, el doblete de Red Bull al frente de la parrilla no era especialmente preocupante, pues ya es sabido que la increíble superioridad que suelen demostrar en calificación no se ve reflejada en los mismo términos en carrera. Fernando Alonso, cuarto, podría dar guerra si salir por el lado sucio de la pista no le afectaba demasiado.
Y no, salir por el lado sucio no afectó a Fernando, pues no sólo no perdió ninguna posición, sino que a punto estuvo de aprovechar el toque entre un agresivo Hamilton y Vettel para colarse primero. A Webber lo perdimos en la misma salida, y desapareció por completo de la carrera, mostrándonos el lado más irregular del australiano y por el que mucho dudan que al final de temporada esté luchando por el título.















