
Después de haberme saltado por completo el “Bandera a cuadros” del Gran Premio de Singapur (perdón), vuelvo a la carga con el de Japón. De entrada, manifestar mi inmensa alegría por volver a tener a un circuitazo como Suzuka entre nosotros. Si no es exigente ya de por sí, los pilotos tenían reservada otra ingrata complicación que les trajo de cabeza: unos neumáticos excesivamente duros que no ligaban con el nuevo asfalto del circuito japonés. Y como a perro flaco todos son pulgas, los libres del viernes, elementales para reglar los monoplazas en estas circunstancias, estuvieron pasados por agua. No empezaba mal del todo el fin de semana.
No suelo hablar de la clasificación en esta sección, pero me gustaría hacer un comentario al respecto de lo vivido el sábado al final de la Q2. Hubo determinados pilotos que no levantaron el pie en el tramo con bandera amarilla por el alerón desprendido de Buemi, y gracias a ello pasaron a la definitiva Q3. Posteriormente, estos pilotos fueron penalizados con 5 posiciones en parrilla. Lectura peligrosa de este detalle: si un coche con posibilidades de estar delante en clasificación vuelve a estar en apuros al final de la Q2 y aparece una bandera amarilla, no hay que levantar el pie, porque haciendo un 2º, por ejemplo, puedes salir 7º, y si levantas el pie te quedas fuera del top ten. No me gustó en absoluto. La seguridad es algo muy serio cuando hay un accidente en pista.











