
Spa-Francorchamps es el circuito por excelencia, la pista donde nunca tendría que faltar una carrera de Fórmula 1, el trazado donde todos los pilotos quieren correr. Su fama le viene en buena parte por la curva más apasionante del Mundial, Eau Rouge, pero Spa no es sólo Eau Rouge, sino que está cargadito de retos apasionantes, como la rapidísima y ciega Pouhon que espera tras una bajada de vértigo, la frenada para Les Combes tras la recta de Kemmel, o la larga y rápida izquierda Blanchimont que conduce en un abrir y cerrar de ojos a la frenada del Bus Stop.
Spa es el circuito más largo del campeonato, con 7.004 metros de subidas, bajadas y curvas tirando a rápidas (*sólo 6 de las 19 curvas se toman a menos de 150 km/h*), y es por ello que es un circuito donde la aerodinámica juega un importante papel, aunque es de los pocos trazados donde las manos de los pilotos todavía tienen algo a decir. Y si todo esto no es suficiente, no hay más que sumarle las peculiares condiciones meteorológicas de la zona, que pueden hacer que llueva en una parte del circuito y en otra esté totalmente seco.







