Ya cuando llegas tras un viaje largo y paseas por el tramo que vas a ver los coches pasar al día siguiente se respira un ambiente diferente. Cientos de tiendas de campaña pueblan los caminos contiguos al recorrido y cualquier hueco es bueno para aparcar el coche y quedarse a dormir en una de esas noches mágicas previas al Rally. El silencio de la naturaleza se entrelaza entre las risas y las bromas de los grupos que se encuentran desperdigados por las sierras catalanas.
Amanece y mientras algunos empiezan a dormir tras la juerga de anoche a otros los rayos de sol les despiertan al entrar entre las fibras de la tienda. Y es que la economía no es boyante y el mejor remedio para ahorrar costes es la acampada libre. Poco a poco la especial va cogiendo colorido. El ruido de las lejanas bocinas se entrelaza entre las conversaciones de los improvisados entendidos de la categoría.






