
El Dakar es una prueba única. Tan única que muchos de sus participantes se toman todo el año para conseguir el dinero necesario para participar y que incluso, entre los más pudientes, significa planificar la temporada con el único objetivo de hacerlo bien en el Dakar.
Pero cuando ocurre un caso como el de Guilherme Spinelli te das cuenta de que la grandeza del Dakar a veces puede quedar eclipsada por la honradez de un participante. Durante la etapa 5, que unía Chilecito con Fiambalá, el piloto brasileño, a bordo de un Mitsubishi Racing Lancer, tuvo problemas en el alternador. Una avería que le hacía esperar a su asistencia y por consiguiente, decir adiós a sus opciones de conseguir un buen resultado (el año pasado fue noveno y el mejor vehículo propulsado por gasolina).








