
Así se las ponían a Felipe II. Con esa frase tan española podriamos definir cómo Peugeot comenzó en Petit Le Mans. Uno de sus máximos rivales, el Audi #1 de Allan McNish, sufría un fuerte accidente durante su vuelta de reconocimiento a una hora de comenzar la carrera y que ponía en peligro la participación del mismo. A pesar de los daños, los mecánicos del equipo Champion lograron que el coche estuviera en pista con sólo dos vuelta de desventaja sobre el líder en ese momento: el Peugeot 908 HDI FAP de Nicolas Minassian, Stephane Sarrazin y Christian Klien. Dos vueltas de ventaja sobre el mejor de los Audi, ¿se puede pedir algo más?.
Pues ni por esas. Peugeot como siempre volvió a dominar los entrenamientos. Algo que ha sucedido a lo largo de toda la temporada con nulos resultados. Pero en carrera les falta la consistencia necesaria. No sirve de nada tener un misil si no puedes sacarle todo el partido. Y parece que sus pilotos no lo hacen. A partir de ese momento comenzaba la particular remontada del Audi de McNish. Remontada que se vio de nuevo retrasada por un pinchazo. Por delante, el segundo de los Audi, el de Marco Werner y Lucas Luhr, y el Peugeot se intercambiaban la posición de privilegio.






