
En la presentación del F1.08, el objetivo para esta temporada quedó clarísimo: este 2008 tenía que ser el año de la primera victoria. La verdad es que la pinta del monoplaza no dio lugar a dudas de que esa victoria llegaría. Una proyección meteórica en los dos años de la escudería alemana, y la inestimable ayuda del superordenador Albert 2, además de un equipo técnico muy capacitado, daban a BMW absoluta credibilidad en sus esperanzas de victoria.
Pero el arranque de la pretemporada fue más bien preocupante. Había llegado la hora de tomar riesgos para dar ese salto de calidad para conseguir el medio segundo que le faltaba al monoplaza, y cuando arriesgas, puede salir mal. El nuevo monoplaza no era tan bueno como el de 2007, y sus pilotos empezaban a preguntarse si se había dado un paso al frente o más bien hacia atrás.







