
Durante el pasado Gran Premio de Japón, Lewis Hamilton fue protagonista de su enésimo incidente de la temporada. Tal y como ocurriera quince días antes en Singapur, el británico volvió a tocarse con Felipe Massa. Esta vez, el incidente no pasó a mayores y Hamilton no recibió sanción por parte de los comisarios aunque hay que reconocer que la maniobra podría haber recibido sanción y nadie se hubiera quejado. Como cerró al Ferrari de Massa es a todas luces sancionable.
Pero parece que al menos este incidente tiene una justificación bastante sencilla. McLaren ha confirmado que Lewis Hamilton no ve bien por los retrovisores, algo que también serviría para dar razones a lo ocurrido con Pastor Maldonado en Spa-Francorchamps. El piloto británico se ha quejado de que en las rectas los espejos retrovisores vibran demasiado lo que impide que tenga una visión clara de lo que viene detrás.
No acabarían ahí los problemas ya que como se afirma desde la parrilla, aunque se vea mal, una mancha implica que un rival se acerca, pero es que en ambos casos, Hamilton admitió que no sabía que Maldonado y Massa estaban ahí. Será por la ubicación de los retrovisores, las vibraciones, la posición del piloto y su ángulo de visión, pero algo no funciona. Lo que no puede ser es que a estas alturas del campeonato descubran que uno de sus pilotos no ve.
Vía | MARCA





Y el que escribe también para qué negarlo. Al menos hablando de competiciones como la Fórmula 1 y su concepto (teniendo en cuanta que no es uno sólo, si no muchos, tecnológico, pilotos, equipo, ingeniería, constructores…). A Bernie Ecclestone no se le caen los anillos y afirma que está en mano de los equipos el que las órdenes de equipo se permitan o no. Por su parte él lo ve claro: en una situación clave, límite o crítica de un equipo (del que forman parte implícita sus pilotos que además cobran por ello) el jefe de equipo tiene la última palabra.






