
En España nos enterábamos del trágico final de Patrick Depailler por un artículo (entre otros) de El País en 1980. El gran piloto francés que nos emocionaba con alguna de las escenas más espectaculares de la historia de la F1 fue una de tantas víctimas de los esfuerzos tecnológicos, a veces avances, otras veces inventos fallidos que terminaron con tantas carreras brillantes.
La figura de Patrick Depailler es la del piloto de carreras por antonomasia: apasionado, veloz, audaz, y además alejado de los intereses económicos, pues competir era su pasión, y conducir un bólido de carreras su meta y a la vez su recompensa. De la vieja escuela de pilotos, Patrick tuvo que trabajar mucho y rodar en diferentes categorías (¡y especialidades!) para llegar a la élite del automovilismo. Este post es retro, largo, y lleno de historias, ya aviso desde el primer momento…







